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Las buenas intenciones pueden tener valor en un sistema ético; pero en arte, no. No basta tenerlas; se ha de hacer la obra.

–Oscar Wilde

Ir a un museo y ver una obra de arte es una acción simple, es el hecho de interpretar la obra lo que es una situación compleja; en la interpretación intervienen muchos elementos y lo sensorial (sentir la obra), o la convención (aceptar que la obra es arte), no bastan para hacer una lectura atenta. La verdad de una obra de arte no es un valor estable, y tal vez nunca lo ha sido, pero solamente hasta ahora se ha dado un modesto consenso que acepta que la obra de arte no depende únicamente de sí misma; un signo sólo no significa nada y el significado se da gracias a una relación y no a una esencia: la autonomía de la obra de arte no se puede limitar a una técnica, a un periodo histórico, a un espacio de exposición o a la voluntad y talento de un artista. La conciencia de esta construcción plural que da veracidad a la obra de arte le ha sugerido a la educación una práctica más común al Renacimiento que a nuestra época: una formación artística, y en general académica, no debe hablar únicamente el lenguaje de un medio específico sino también estar en capacidad de hablar un lenguaje externo a su motivo de estudio; hablar no solamente desde la obra de arte, hablar también desde y para lo que rodea la obra de arte; acercarse y alejarse, traducir y retraducir. Pensar en el lector.

Una educación artística enseña a pensar haciendo (por ejemplo, un pintor piensa pintando un cuadro) pero cuando se hace pública la obra existen condiciones que influyen sobre lo que se ha hecho: el lugar de exposición; el montaje; el texto crítico o el texto curatorial; el valor simbólico o el precio monetario; la actualidad histórica; el tipo de público o hasta la visita guiada (la pedagogía) producen actos de lenguaje que se suman al lenguaje de la obra de arte. No tener conciencia sobre estas condiciones tiene consecuencias: el sentido de la obra puede cambiar radicalmente o una interpretación que es fundamental puede quedar oculta.

El área de Proyectos aparece en el programa del Departamento de arte motivada más por la necesidad que por la tradición: el origen de los programas académicos de arte se encuentra ligado más a las escuelas de artes y oficios que a las facultades de arquitectura, filosofía, historia, economía, matemáticas o literatura. La flexibilidad y diversidad que da el sistema de cursos de la Universidad de los Andes y el reflejo que de esto hace el Departamento de Arte en su estructura curricular (los estudiantes ven inicialmente créditos de todas las áreas) han hecho que sea necesario un espacio para potenciar y precisar el cruce de varias formas de pensamiento. El área de Proyectos está al servicio de las otras áreas pues propicia relaciones entre contenidos diversos y a la vez describe espacios donde las lecturas específicas de cada área pueden alcanzar una mayor resonancia (por ejemplo, una clase de escritura puede servir para afinar el texto que acompaña una pintura; una clase de curaduría puede hacer que los estudiantes de arte piensen también como espectadores; una clase de museografía puede dar ideas para el guión de una muestra de video; una clase de docencia puede señalar límites para la enseñanza y el aprendizaje del arte).

El área de proyectos también permite que cada una de las otras áreas del Departamento de arte pueda hacer un mayor énfasis en sus gestos específicos y se vea liberada de una efusividad discursiva que tiende más a dispersar que a precisar elementos (por ejemplo, una clase sobre cine se puede centrar más en el significado de la imagen en movimiento que en las pautas para comercializar un video; una clase de pintura puede señalar más la pintura que hacer señalamientos sociales; una clase de historia puede centrase más en obras específicas que en discurrir sobre la última novedad del momento). El área de proyectos también puede motivar la creatividad dentro de sus mismas materias y asumir la escritura, la docencia, la crítica o la curaduría como hechos donde la creación es posible: las materias del área se pueden asumir como medio y sus productos como obras.

Las materias del área de Proyectos no pretenden ser una versión reducida de los estudios culturales o de los estudios visuales, o convertirse en un manual práctico de gestión que conduce a un diploma profesional; los cursos se centran en estudiantes de arte, en personas que hacen cosas y las muestran; no se pretende ocultar la obra tras un enjambre retórico o sincronizar el arte con el mercadeo. El área de Proyectos da elementos críticos para afinar el entendimiento y propiciar ese sano extrañamiento que producen los hechos relacionados con el arte (por ejemplo, ir a un museo y ver una obra de arte).

mapa del área de proyectos

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